Entrevista a Enrique Iglesias

Escrito por Martin W. el Lunes, 25 de Junio del 2007 a las 12:45

“Yo no me hice uruguayo; me hicieron uruguayo los uruguayos”
Español de nacimiento, uruguayo de adopción y corazón. A sus 77 años, Enrique Iglesias, ocupa el cargo de Secretario General Iberoamericano. Desde el proyecto ‘Madrid 2 Orillas’ nos cuenta su testimonio y experiencia ante la inmigración.
Fotografía de Paloma Ortega Paloma Ortega y María Ángeles Sallé* (25/06/2007)
Emigrante infantil en esas hornadas de españoles que partieron hacia Latinoamérica en busca de una vida mejor y más oportunidades. Y Uruguay se las brindó todas. A sus 77 años, Enrique Iglesias ocupa el cargo de Secretario General Iberoamericano, tras una larga y fructífera trayectoria dedicada al Banco Interamericano de Desarrollo y a otras altas responsabilidades institucionales en su país.

Desde el proyecto ‘Madrid entre dos Orillas’, tuvimos la oportunidad de charlar con él en la que ahora es su casa, Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) , una institución que centra su labor en tender puentes institucionales, socioeconómicos y culturales entre las dos orillas del Atlántico. Anchos, largos, sólidos y continuos puentes de ida y vuelta.

Quisiéramos comenzar preguntándole por usted, Sr. Iglesias, que primero fue emigrante español en Uruguay, luego se hizo uruguayo, y finalmente ha pasado a ser ciudadano del mundo… ¿Cómo ha marcado la migración su propia vida, su agenda, su visión del mundo?

Mi familia emigró a Uruguay por razones económicas siendo yo muy pequeño, cuando tenía apenas tres años. Era necesario integrarse y debo decir que una de las primeras prioridades de América fue integrar, por cierto de forma admirable, a las comunidades que venían de España y de otras partes del mundo.

Crecer en Uruguay fue una experiencia increíble para mí… De hecho, suelo decir que yo no me hice uruguayo, me hicieron uruguayo los uruguayos, en la escuela, en el trabajo…

A lo largo de la infancia me sumergí en el proceso de integración en la sociedad y, luego, atraído por el ambiente vivido uno se va haciendo ciudadano pleno, que es lo que de verdad importa. Desde entonces, no me he percibido a lo largo de los años otra cosa que uruguayo, y ahí estriba el éxito del proceso de integración de un país que me lo dio todo. No importaba si había nacido en territorio nacional o fuera de él, y eso dio paso a una vivencia muy rica y comprometida con el país al que pertenezco.

¿Puede, además, un tipo de experiencia como la mía dar lugar a una ciudadanía internacional? Creo que sí, más aún si la ubicamos en clave de presente. Porque la dimensión que están tomando hoy las migraciones es cada vez más relevante en la vida de todos los países y esto dará lugar a una ciudadanía intercultural que pasa por una plena incorporación e integración en las sociedades de acogida. La ciudadanía intercultural de ningún modo puede entenderse como personas inmigrantes viviendo en guetos dentro de un país y sintiéndose ajenos a él.

“La educación es el factor de igualación y pertenencia a un colectivo, el que le genera a uno oportunidades para trabajar”

Usted creció en Uruguay donde ha explicado que la sociedad uruguaya favoreció su integración plena. ¿Cree que esas condiciones se dan ahora también para los inmigrantes que llegan a España, por parte de la sociedad de acogida?

En términos generales, sí. Ciertamente el mundo ha cambiado y han cambiado también las condiciones de inserción en los países de acogida pero, según mi experiencia personal, uno de los elementos que más influye en los procesos de integración es la educación. La educación es determinante, ya que es el factor de igualación y pertenencia a un colectivo y, al mismo tiempo, es el que le genera a uno las oportunidades para el trabajo.

Quizás es lo que más influye a una persona a la hora de trabajar como los demás, sin que lo discriminen. Yo creo que, en general, el inmigrante latino en España se siente bien acogido, aunque seguramente habrá otros grupos inmigrantes que no se hayan integrado de la misma manera, que no lo vivan así, porque su proceso de regularización no haya ido bien o porque no lo hayan logrado todavía, y eso genera mucha frustración.

Pero yo veo gente a la que le van bien las cosas y se sienten a gusto en la sociedad española. Pienso que el gran esfuerzo es tratar que la gente se sienta que forma parte de esta sociedad, ahí está el reto.

Lengua y tradiciones compartidas

Hablaba de cambios migratorios hace unos años y en la actualidad. ¿Cuáles son esos cambios fundamentales?, ¿que es lo que ha marcado ese cambio de ciclo en las migraciones actuales?

Lo más importante es que las migraciones iberoamericanas –las que hubo entonces de acá para allá y las que hay ahora de allá para acá-, se produjeron dentro de un contexto sociocultural bastante homogéneo.

Esa homogeneidad deriva un poco de tener lenguas compartidas y de una serie de tradiciones culturales comunes, lo que ha hecho más fácil asimilar a las colectividades iberoamericanas en España y asimilar a las colectividades españolas en Latinoamérica. Tenemos que reconocer que la afinidad lingüística nos ayudó mucho a ese esfuerzo. Es más complejo cuando se trata de procesos migratorios de personas que tienen características culturales y raciales muy distintas, llevará más tiempo y habrá que hacer un esfuerzo más grande también.

Recientemente hemos tenido elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid y, por primera vez, muchos inmigrantes han podido ejercer su derecho al voto, pero se ha generado una gran polémica sobre la extensión o no de la participación política de los inmigrantes. ¿Cuál es su opinión sobre la participación política de los inmigrantes, sobre todo en las elecciones locales?

Hay que abrir las puertas a la participación generosa de los inmigrantes, sobre todo cuando han pasado ya algunos años en el país de acogida. Forman parte de la colectividad y tienen el derecho y la obligación de pronunciarse sobre la sociedad a la que pertenecen. En ese sentido, yo creo que la tendencia debe ser la de reconocer al inmigrante su derecho a participar en el ámbito local y municipal.

Y a la inversa, porque también se cuestiona el derecho al voto de los emigrantes en sus países de origen.

Eso es más complicado, es un tema controvertido. En general, se está extendiendo la idea de que también pueden votar y lo están haciendo ya países como España y como Italia, que tienen incorporado el derecho al voto de los ciudadanos que residen en el exterior.

Ciertamente la tendencia va a ser a extender este derecho, pero creo que el tema está sometido a distintos argumentos que son notables: a veces el hecho de vivir fuera, alejado del país, hace difícil al ciudadano tomar una opción política, pero la tendencia general es la de ofrecerle al ciudadano el derecho al voto.

Hay una importante polémica sobre el carácter privado de las remesas y sobre el hecho de que éstas no pueden ni deben sustituir las políticas públicas a favor del desarrollo y de lucha contra la pobreza. Usted es un enorme conocedor del tema y hemos seguido toda su actividad al respecto cuando estaba en el Banco Interamericano de Desarrollo. ¿Cuál es su posición al respecto?

Yo creo que las remesas cumplen un papel muy importante en la sociedad iberoamericana hoy. El primer impacto de las remesas es convertirse en ayuda a las familias y servir para paliar la pobreza.

Creo que esa etapa es muy importante, aunque lo deseable sería que lo que ganaran afuera lo pudieran ganar adentro –en sus propios países-, lo cual no parece posible a corto plazo. Por lo tanto, el hecho de tener la oportunidad de trabajar afuera es una manera de que la persona pueda realizarse económicamente y ayudar así a su familia.

“Hay que mirar al frente para pensar en otros usos de las remesas que no sean simplemente las ayudas familiares”

Lo ideal –repito- sería que ganaran dinero en su país para vivir su país, pero la realidad es la que es. Es bueno, por tanto, reconocer que las remesas cumplen un importante papel. En estos años se ha hablado mucho de los costos de las remesas, creo que se ha avanzado mucho y se han conseguido logros importantes.

Sin embargo, hay que mirar al frente para pensar en otros usos de las remesas que no sean simplemente las ayudas familiares; la idea de que las remesas puedan ayudar a la trayectoria vital del inmigrante en su país, asumiendo créditos en los países en los que trabajan para invertir en vivienda o en pequeños negocios en sus países de origen, son algunas prácticas a extender.

También se van a ampliar las relaciones económicas que el inmigrante puede establecer con sus países de origen; piensen ustedes, por ejemplo, en el papel crucial que han tenido los inmigrantes hindúes para favorecer el desarrollo de la industria informática en la India.

Otra cosa que hay que destacar es que, en algún momento, las remesas se van a terminar o a reducir y entonces no seremos capaces de retener a la gente en esos países de origen. Hay que pensar que las remesas representan un recurso que va a durar un tiempo y que luego disminuirá. Por eso es importante trabajar desde ya en generar las condiciones de trabajo necesarias en los países de origen para que la gente pueda producir y generar riqueza allá.

Usted ha vivido en Estados Unidos, un país receptor desde hace muchos años de personas procedentes de otros países. ¿Qué similitudes y diferencias encuentra entre la realidad española y la norteamericana? ¿Qué podemos aprender de la experiencia estadounidense?

Yo creo que en el caso de España hay un aprecio más generalizado de la contribución que hace el inmigrante a la economía española. En España se valora más al inmigrante que en EEUU, a pesar de ser un país construido sobre personas procedentes de multitud de países que han tirado de él hacia adelante. Yo aquí noto un aprecio generalizado por la aportación que están haciendo los inmigrantes a la economía española.

También hay que decir que existe preocupación por las formas irregulares de la inmigración, por la inmigración espontánea y el control de las fronteras pero, en general, el inmigrante tiene una acogida acá, existe una política clara, al revés de lo que ocurre en algunos momentos Estados Unidos, donde a veces no hay una política bien definida.

Ciertamente, se valora la contribución desde el punto de vista económico pero ¿no corremos el riesgo de que se valore sólo desde esa perspectiva y no de la aportación cultural que traen de sus países de origen?

Sin duda. De mi experiencia emigrante puedo decir que la cultura del trabajo fue una de las mayores aportaciones de los emigrantes españoles a América ya que eran gente humilde y fueron grandes trabajadores.

Pero, aparte de eso, yo diría que los elementos culturales son indispensables y hay que procurar que la gente no los pierda porque enriquecen la vida del país. La cultura que aportan los inmigrantes no sólo es buena para el espíritu sino igualmente para la economía de un país, ya que también puede generar ingresos.

Quería que nos hablara en detalle de la Secretaría General Iberoamericana, de su red de socios y del papel que ocupa entre ellos el tema de las migraciones iberoamericanas.

Estamos intentando crear una Secretaría que profundice en las relaciones entre España, Portugal, Andorra y Latinoamérica. Todavía hay que darle una visión más integrada y crear unas nuevas fronteras en torno a las cuales avanzar para que el colectivo de naciones promueva actuaciones en común; actuaciones que resulten buenas para todos.

Nuestra ambición es encontrar en lo económico, en lo social, en lo cultural y en lo político ámbitos en los que podamos construir juntos. Hay, por ejemplo, actividades económicas realmente importantes: las inversiones españolas en Latinoamérica han sido muy significativas en los últimos 20 años. España es un gran inversionista, cuenta con capital y capacidad de generar riqueza.

“La cultura que aportan los inmigrantes no sólo es buena para el espíritu sino también para la economía de un país, ya que genera ingresos”

“La cultura que aportan los inmigrantes no sólo es buena para el espíritu sino también para la economía de un país, ya que genera ingresos” Y ahora también la inmigración es uno de los temas centrales de nuestra agenda y, dentro de ésta, la cuestión de fondo que vamos a seguir de cerca es la manera de dar al mundo un ejemplo de red iberoamericana capaz de administrar el tema de las migraciones como apertura, integración y coordinación entre las comunidades que conforman esa red. Eso es lo que debemos -y queremos- proponernos.

Se define usted como un practicante de la acción social, comprometido con ella. ¿Cómo se practica la acción social desde su actual cargo?

Apoyar esfuerzos para una mejor gestión de las migraciones en nuestros países es una de las formas de hacerlo. Hay otras actividades en las cuales también queremos incidir, especialmente desde la cultura, en la que hay un ancho campo en el cual trabajar y avanzar. Por ejemplo, estamos avanzando en ideas como crear un Erasmus iberoamericano. ¡Hay tantas cosas que tienen esa dimensión social!

Inmigración y género

Uno de los grandes motores de la inmigración en España son las mujeres. ¿Tienen alguna directriz o línea de trabajo dirigida a las mujeres inmigrantes?

El tema está incorporado dentro en la Declaración de Montevideo y habrá que establecer programas en ese sentido. Se trata de un aspecto que tendremos que mirar a medio y largo plazo, al igual que el tema de los indígenas, los niños, la reagrupación familiar, éste último uno de los problemas más serios ya que implica la desestructuración de las familias.

Éste es precisamente uno de los graves problemas de la inmigración y todavía no está resuelto; sin duda hay un importante trabajo que hacer para mejorar. Cuando la madre o el padre migran, se destruye la unidad familiar y luego es difícil recomponerla, generándose un serio problema de tipo social.

Los Gobiernos Iberoamericanos lo han incluido en la Declaración de Montevideo porque no podemos dejar de abordarlo desde un amplio compromiso institucional y social. Las consecuencias para las familias son tan graves, que sin duda es necesario alcanzar esos compromisos y plantear soluciones. Confío en que lo conseguiremos.

Una de las campañas que vamos a iniciar dentro del proyecto Madrid entre dos Orillas es impulsar la inclusión en el Diccionario de la Lengua Española de la voz “migrante”, que no existe como tal. Está reconocido migración, migrar, migratorio, pero luego el sujeto puede ser sólo emigrante o inmigrante, con una identidad vinculada al territorio de origen/destino. Nos encantaría proponerle que, llegado el momento, apoye nuestra campaña.

Totalmente de acuerdo. Es importante, no es en absoluto irrelevante el uso del lenguaje en la definición de estas realidades y desde nuestra institución apoyaremos esta iniciativa.

Dejamos a Don Enrique Iglesias enfrentado, como cada día, a una agenda de trabajo que sólo alguien de su incalculable energía es capaz de abordar. La agenda de un gran ingeniero que ha hecho de la construcción de puentes un arte, un compromiso contagioso y una razón de vivir.

Categoria: Noticias, Nacionales

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